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“Todo lo que nos toca, deja huella Y todo contribuye imperceptiblemente a nuestra formación” Goethe
Elvis Marthe Villa

País de residencia:

Hace siete años llegué a Fe y Alegría, los mismos que tengo de estar en el Colegio uerta de Oro, de la ciudad de Barranquilla. El colegio queda  en el bullicioso barrio Rebolo, cuna del carnaval, del equipo de Futbol Junior y de muchas manifestaciones culturales.

Desde mí llegada supe que este nuevo reto iba a ser muy diferente a las anteriores experiencias docentes. En todos estos años, puedo decir que han sido dos elementos ¨los que han marcado mi vida y por ende mi quehacer pedagógico. El primero fue haber optado por pertenecer al equipo de Pastoral de mi colegio, ya que cada Encuentro con Cristo, Celebración, Reflexión, Convivencias…, entre otros, me ha permitido conocer más a los estudiantes porque es en estos espacios, donde se “dejan ver” sin miedos. He descubierto, que el corazón juvenil sufre y que uno de sus dolores más grandes  es no sentirse amados, sobre todo de sus padres. Que son capaces de reflexionar sobre su propia vida e identificar qué le está afectando, o a quienes está hiriendo, o qué camino debería escoger para su promoción humana. Que los jóvenes creen no tanto en las palabras, sino en los hechos, que te creen, si en verdad tú vives lo que enseñas. Son estas vivencias con los jóvenes y niños los que te permiten cuestionar y confrontar también tu vida, son por así decirlo un buen termómetro que te permite conocer, saber cómo, de qué manera y de qué forma le estás dando solidez a los cimientos de tu existencia.

El segundo elemento, y no el menos importante, es que Fe y Alegría es una escuela no sólo para los niños y jóvenes, sino también para los maestros.

Cuando se llega a un colegio del Movimiento, descubres una fuerza en ti,  que  nunca hubieses imaginado que tuvieras y sale a flote,  cuando aún en medio del dolor de conocer las realidades tristes de algunos de tus estudiantes, puedes darle esperanza y señalarle otros horizontes. Te vuelves creativo cuando sabes que muchas veces los recursos no están a la mano. Descubres, que una palabrita al oído de tus estudiantes puede ser útil y logra “ablandar” al más brabucón. Al momento de enseñar, sabes que no todos tienen las mismas capacidades y te da vueltas la cabeza, pensando cual sería la mejor estrategia. Te vuelves un maestro “obstinado” cuando se trata de dar “lo mejor” para ellos, porque reconoces que muchos de tus estudiantes, no han recibido en su formación y en su entorno “lo mejor”. Como Pedagogo que eres, tienes claro que de los objetos de estudios de tu saber, debes extraer los “objetos de enseñanza” para el aula y que cada estudiante así sea, así sea el que muestra la “peor cara” tiene en su interior un germen de bien, una semilla de Dios en su rebelde y rebolero corazón.

Algo debe transformarse en ti, cuando todos los días ves la superación, la alegría y las ganas de vivir, personificadas en los jóvenes y niños que brincan, gritan y revolotean por nuestros patios.

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