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Aprendí a luchar, aprendí a vivir
Adrián Pradenas

País de residencia:

No es fácil comenzar este testimonio, resumir años de experiencias, aprendizajes y lecciones en unas cuantas palabras, donde las emociones se agolpan en nuestro corazón.

Toda mi educación la cursé en el colegio José Antonio Lecaros ubicado en un lugar vulnerable de Santiago, la capital de Chile. Alrededor del 2005, nace Fe y Alegría Chile, y mi colegio se une a su misión.  Siempre había escuchado la historia de aquel guerrero que dejó las armas por la palabra de Dios, luego de una gran heridá en batalla; que dejó comodidades por amar y servir a todo prójimo sin prejuicio. Sin duda me llamaba mucho la atención, y como niño que ere en ese entonces, era casi mi héroe.

Lamentablemente, luego de un tiempo, sufrí momentos muy difíciles, donde la felicidad de cualquier niño se esfumaba y el dolor se veía presenten, donde no me importaba nada ni nadie, donde solo quería era estar solo, sin la compañía de nadie. Llorar. Aunque la angustia fue grande y el dolor profundo, pude levantarme. Esas “heridas de guerra” me volvieron a recordar a aquel guerrero que hizo ese gran cambio en su vida, que, a pesar de su dolor de esa herida y su larga recuperación, se levantó, y siguió adelante.

Ya en la media (o secundaria), fue mi revelación. De aquel que ni hablaba y que le tenía pavor a salir delante de la sala de clases, a poder ser parte del centro de estudiantes, participar en diversas actividades de mi colegio, de poder ver más allá de mi propio metro cuadrado, a tomar una mayor conciencia social y de lo que está pasando en mi alrededor. De poseer una voz. De aprender a ser humano.

Hoy, soy el primero en acceder a la universidad en mi familia, donde estudio pedagogía en Biología.  Ser parte de un factor de cambio en la educación, que esta sea una posibilidad para los niños y jóvenes de salir de la desigualdad social, de poder formar a ciudadanos y que estos posean el suficiente conocimiento científico para que puedan tener conciencia de la problemática ambiental de nuestro planeta y las herramientas para la construcción y cuidado de nuestra casa común.

Tuve la gran oportunidad de participar de en el Congreso Culturas juveniles, ciudadanía y paz; donde se reunieron decenas de jóvenes de toda la Red Internacional de Fe y Alegría. Es emocionante poder ver que tenemos ese anhelo de construir un mundo mejor, que no solo quedamos en lindas palabras, que tenemos nuestros proyectos, y que ya estamos poniendo manos a la obra.

Sin duda, todos estos avances no los habría podido de lograr gracias al apoyo y la ayuda incondicional de amigos, familiares y profesores. A estos últimos, dar las infinitas gracias por guiarme y poder ver aquella profesión tan bella a la que me estoy adentrando.

Me despido, con gran emoción, que este pequeño testimonio sirva de inspiración a aquellos que están sufriendo. Que podemos salir, luchar, ser felices, avanzando con dos lemas en nuestro corazón: “en todo amar y servir” y “dar hasta que duela”

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Gracias a la vida, que me a dado tanto...

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