descripcion

cushilla (alegría )
Marco Antonio Muñoz Pauta

País de residencia:

Cushilla Santa Mónica de Maguazo es un caserío perdido en los intrincados Andes del centro de Ecuador, se encuentra en uno de los faldones de la cordillera central, allí en medio de altas cumbres se encuentra este pequeño recinto con casitas desperdigadas y colgadas de los cerros casi pérdidas entre el verdor de sus chacras y sembríos...el viento silva incesante entre las hendiduras de las rocas y mece las hojas de los eucaliptos, nogales, capulíes y matorrales de sus senderos. Es una eterna canción a la lejanía y bohemia, a la pobreza y miseria de sus habitantes, allí en medio de un extenso verde en distintos matices, fuera de nuestro tiempo, habitan personas que se aferran a sus tradiciones y vida en comunidad. Un blanco y extenso algodón cubría los montes y quebradas de Maguazo...da la sensación de esponjosos copos que uno los puede literalmente tocar con la mano en la medida que se aproxima a ellos, diversas figuras surrealistas emergen de él meciéndose al compás del viento y las aristas de las montañas. El camino para llegar a Maguazo es una larga trocha que parte desde lo más alto de las montañas con afilados picos, para ir mordiendo las peñas llenas de abrojos, huicundos, zarzas con espinos, pencos y pajonal...sin duda fue la constancia de sus habitantes las que de a poco, en caballo, a pie, solos, en grupos con el paso del tiempo fueron dejando una huella indeleble para aquellos valientes para subir de los 2000 hasta cerca de los 3500 msnm con gradientes superiores a 60 grados y dejar un sendero para entrar y salir de sus comunidad. Allí en medio de la niebla se divisa un camino serpenteante que desafía el tiempo y el clima, es la única vía para salir a la ciudad con el majestuoso taita Chimborazo como telón de fondo y como referencia para quienes se aventuren por sus rutas. Hay una enorme dispersión de casitas hechas aún de barro y paja en sus pequeñas huertas casi agarradas con las uñas en medio de laderas y rocas, sin duda la vida es muy dura y aún coexisten dos formas de medir el tiempo para ellos, la primera la convencional, la de la ciudad con la que irremediablemente deben contar para proveerse de aquellas cosas necesarias que no pueden cultivarlas...y la segunda forma...una vital y circular...desde la Pachamama en la que cuentan los ciclos de lluvia y sol, de las estrellas y los vientos, del canto del río y la nube que todo lo cobija en ascenso permanente... Este tiempo determina la vida en la comunidad, las siembras, las fiestas, las durísimas tareas de cada día para llevar algo de maíz y granos para sus familias...un tiempo perdido en la inmensidad de las formaciones montañosas, yungas, vertientes y pastizales tan necesario para sus animales que les proveen abrigo y sustento. Todos los días un susurro milenario asciende desde los valles más cálidos de la costa cargados de humedad y voces ancestrales del Apu de la montaña...de la dignidad y valentía del pueblo Puruha...es su sistema y soporte vital...se puede respirar el olor de la tierra fecunda, el sabor de las frutas y sentir el rocío penetrar en cada uno. Allí, a dos horas del caserío vive Cushilla, niña de diez años de edad, de largas trenzas negras, ojos grandes y cafés, sonrisa amplia, cara redonda con sus cachetes marcados por el frío y las paspas que han abierto surcos en sus rostro con una coloración ocre...ella tiene las manos firmes y los pies ágiles, ayuda a su familia desde el canto de las aves, mucho antes que salga el sol, llevando a los borregos a pastar, a dar de comer a las aves, a cortar hierba para los cuyes, a limpiar el guano, a parar las ollas en el fogón para hacer una agüita de cualquier monte antes de ir a estudiar.

Ella está en una escuelita fisco misional intercultural en la que aprende cada día con fe y alegría, está en quinto de básica, se acomoda su anaco, reboso, blusa blanca, huallcas, tupe de plata, chalina y su sombrero de lana, se pone su alpargata en sus pies marcados por la shulla y el polvo, agarra su shigra con su cuadernos y colores, ensilla a su burrito que se llama Ruperto y sale de su pequeño ranchito que está casi coronando el cerro, acaricia el cuello de Ruperto y sale a las seis de la mañana cuando el mismo sol asoma aún lejos sobre los montes más altos. Ella baja silvando una vieja tonada de las aves curiquingues por las trochas, saltando los cruces de agua, agarrando florecillas de los matorrales. A quince minutos la espera Juan su amigo y compañero de clases se miran y sonríen con la más pura ternura y felicidad, otro día más para aprender y jugar...su complicidad es evidente…se quieren mucho como solo los niños lo hacen…de verdad…para siempre e incondicionalmente. Sube a Ruperto y se abraza a ella, no hay felicidad más grande que compartir abrigo y latidos de quien se quiere en su travesía, van repasando la lección de extrañas y lejanas historias que han aprendido en clases, ama quilla, ama shua...ama llulla.. Son sus consignas que las repiten una y otra vez mientras acompasan sus estrofas a los brincos y pasos de su burrito. En el camino recogen a Sisa y Manuel, hay puesto para todos, ellos son dos pequeños que están en inicial y primero de básica, son amigos y compañeros de ruta por esos chaquiñanes de mil aromas y colores cuesta abajo hasta el caserío.

Poco a poco el camino se hace más ancho y se unen en la travesía más niños y niñas que también cumplen con esa rutina de bajar a ese recinto sagrado, su Jatun Yachanawasi, donde no solo aprenden letras sino como vivir en comunidad. Uno a uno caballitos y borricos llegan al llano grande junto a la escuela y van “parqueando” los semovientes en una larga hilera de veinte a treinta animalitos que también parecieran conversar exhaustos y jadeantes...ya tocó la campana y deben correr a formarse...hoy hay visitas en la escuelita...extrañas personas que han llegado de la ciudad...., curiosos y temerosos saludan...alli punja mashicuna...pasan uno a uno entre esos raros visitantes... Es un cuadro que cuestiona la realidad de todo lo visto...una larga hilera de animalitos y niños corriendo a sus aulas...una escuelita perdida en medio del tiempo, las lomas y la niebla en pleno siglo XXI parece un cuadro del milenio pasado...decenas de ponchos multicolores y sombreros y voces en una lengua que se resiste a morir...anacrónicamente asoman dos motos también con entre tres a cinco niños...lo importante es llegar a clases. La directora huarmitzita Pawcar Ñusta les da la bienvenida, se canta el himno nacional en otra lengua llena de armonía y se reza a ese ser dador de vida en extraña mixtura con su cultura... Ñucanchic Yaya... Se dan las instrucciones y cada grado pasa con sus maestros para contestar un largo cuestionario para mejorar lo que aprendemos dicen. ...¿Será qué entienden esos extraños visitantes acerca de la chakana...de mirar y leer las estrellas, las nubes, las hojas de los árboles, los tiempos de siembra, des hierba, cosecha, deshoja y seleccionar las semillas para un nuevo comienzo?, ¿sabrán de la vida? O sólo extrañas costumbres… Cumplido el trabajo todos otra vez libres...corren al patio para compartir el fiambre que trajeron... Hay que mudar y dar de tomar agua a Ruperto, también tiene hambre y el camino de regreso sea más duro... Cushilla, valiente, se acerca a uno de los visitantes y le interroga de dónde vienen a la escuelita Galo Atiaga... - Imashuti cangui...ñuca Cushuilla cani - Maimantatac llacta...ñuca llacta Santa Mónica de Maguazo... - Me llamo Luis...eres muy hermosa Cushilla. - Soy de Riobamba...gracias por ayudarnos con nuestro trabajo. Solo sonrisas entre los niños...Luis les cuenta muchas cosas que van a hacer en la escuelita...los niños revolotean curiosos entre él y comparten un guineo y galletas saladas...no quieren que cierren la escuelita, tienen miedo de no tener donde estudiar...hay tanto que aprender y ellos conocen el esfuerzo de llegar cada día desde sus casas tan lejanas...

Luis les promete que la escuela no cerrará, que vamos a seguir cada día mejorando para que ellos tengan las mismas oportunidades que otros niños…Cushilla piensa… ?Será que los niños de la ciudad vendrán acá….? ¿No…o ella ir a Riobamba?, si Guamote le parece muy grande…sacude su cabeza y prefiere molestar a Luis…cada cosa será a su tiempo.  El día avanza y allí en medio de los Andes esos niños son una lección de dignidad, sabiduría y ternura para quienes pretendemos “enseñar”, que va...., son ellos quienes nos refrescan el alma...quienes desde su día a día nos pintan un mundo de colores y aromas que hace tiempo hemos perdido en medio del cemento y de las luces... Pequeña Cushilla eres el reflejo de Dios y de la inocencia, a tus cortos diez años sabes más de la vida y la solidaridad que todo lo que dicen nuestros horizontes pedagógicos y los libros... Cushilla pequeña flor del campo...quizás un día ni recuerdes que visité tu escuela no para enseñar nada sino para aprender de ti...de tu esfuerzo...solidaridad y ternura...crece...corre libre...no dejes que nadie te cambie tu forma de mirar y vivir la vida. Y allí en medio de las montañas, los senderos llenos de polvo dejo tu escuelita Cushilla,  hoy soy yo quien agradece haberte conocido, saber de tu vida, de su solidaridad, de Ruperto, de Juan, Sisa, Manuel y decenas de ojos llenos de luz. Cushilla ñuca shungo cambac can…

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