descripcion

Pincelando Mis Sueños
Deris Maria Racedo Lobo

País de residencia:

UNO… DOS… TRES… LUCES CÀMARA… SE ABRE EL TELÒN Y LA OBRA DA PASO A LA IMAGINACIÒN Y LA ACCIÒN.

MIS AÑOS MARAVILLOSOS

La autora de esta historia se describe como una joven soñadora, optimista, llena de retos y con el deseo de llegar a ser una abogada, psicóloga o  periodista; perfiles que arrojó el trabajo realizado por la psicopedagoga de la Institución Educativa donde me gradué de bachiller académico. En el colegio fui una estudiante que participaba de todos los eventos culturales y académicos que se organizaban en época especial (Día del idioma, olimpiadas deportivas, concursos académicos, actividades culturales). Fueron mis mejores años, era muy sociable, responsable, amaba y me entregaba con compromiso a las cosas que me apasionaban y se convertían en un desafío para mí; tuve docentes y compañeras que siempre creyeron en mí, confiaban en mi talento y me impulsaban a seguir y luchar por mis ideales. Fueron años y momentos que marcaron mi vida y me llenaron de fe para apostarle a mis sueños.

Al graduarme de bachiller académico, en vez de sentir alegría por ese logro, sentí una profunda tristeza y nostalgia, mis sueños acababan allí con ese cartón de bachiller. Todas mis compañeras tenían claro que iban a hacer después de graduarse, muchas se habían inscrito en universidades privadas, otras en la universidad pública, SENA…en fin. Esta joven soñadora comprendía que sus padres no tenían los recursos económicos para cumplirle su sueño,  tampoco me atrevía a insinuárselo o pedírselo a mi madre, de antemano conocía la respuesta de ella: “El que quiera seguir estudiando, tiene que hacerlo por sus propios medios,” porque nosotros ya no damos para más… muchas veces en la noche me quedaba contemplando las estrellas y con voz entrecortada clamaba a ellas, como si tuvieran las respuestas a mis súplicas, que me dieran luces para encontrar una solución a lo que yo quería ser, psicóloga, abogada o periodista, todas esas profesiones. Jamás me visioné como docente de niños en edad preescolar, el destino me impulsó a hacerlo.

Como les comenté, en mi colegio participaba de todo cuanto organizaban y fue así como llegué a un grupo de danza al cual pertenecía mi profesora de educación física (la seño Pilar), a quienes le decíamos con cariño Pily. Ella sabía de mi disposición y responsabilidad cuando asumía alguna actividad, no dudó en llevarme a ese grupo donde pertenecía, estaban solicitando bailarinas y se acercaban las fiestas carnestoléndicas. Ensayábamos tres veces por semana, había días de ensayo para mantener la figura y lograr la resistencia  corporal, otros para coreografía y otros para pasos típicos de los diversos bailes folclóricos. Fue una nueva experiencia gratificante, la Directora del grupo, Carmen Meléndez, una coreógrafa profesional y competente en su área cultural y folclórica, pero con unas relaciones humanas que dejaba mucho que decir, sin embargo, la soportaba porque quería aprender y salir en presentaciones importantes que siempre gestionaba para el grupo folclórico, Palma Africana,  así se llama la agrupación que todavía existe y ella sigue siendo la directora.

Pincelando mis vivencias en Fe y Alegría.

Al graduarme de bachiller, como quería seguir estudiando, empecé a buscar trabajo como docente de danza y expresión corporal, exploré posibilidades en jardines privados, llevé hojas de vida a almacenes como vendedora, conversé con muchas personas y amigas para que me ayudaran a conseguir trabajo y una de ellas,  amiga de bachillerato Telma Pérez, me contacó con una maestra de Fe y Alegría en el Hogar Infantil San Pedro Claver, Juanita, una joven radiante de júbilo,  con una gran personalidad y físicamente muy atractiva, querida por la Directora Regional, Hna. Miriam Builes, primera directora regional que tuvo Fe y Alegría. En el Centro Infantil iban a contratar una profesora de danza y yo fui por esa vacante,  para mi sorpresa cuando la Hna me entrevista, le caí muy bien por lo espontánea y el entusiasmo con que me expresaba; le manifesté que iba a empezar a estudiar psicopedagogía, carrera que le pareció muy importante dado que a veces en los Centros Infantiles, se presentaban niños con necesidades básicas especiales y si ingresaba le iba a aportar mucho a Fe y Alegría; las Hnas como siempre yendo más allá de lo que uno podía hacer. En la entrevista me dijo que ya no iba a contratar a la profesora de danza, porque se había presentado una vacante en uno de los centros infantiles, la profesora de parvulario había renunciado del cargo y si yo aceptaba ella me ofrecía ese puesto. Yo asustada le dije que sí, pero también le dije que nunca había trabajado con niños pequeños, que no sabía. “No te preocupes”, me dijo, el lugar donde yo iría habían maestras muy buenas, ellas me enseñarían si yo estaba dispuesta a aprender. Acepté el reto y al día siguiente inicie labores en el primer hogar infantil fundado por Fe y Alegría en Barranquilla, barrio Lipaya. Esa misma tarde, la Hna Miriam me llevó hasta ese lugar y me presentó a la Directora, también otras hna de la comunidad de las hermanitas de los pobres de San Pedro Claver. Algo que también dejó claro la hna, era que mi paga no sería igual a la de las maestras, porque yo cubriría la plaza en nómina de una auxiliar de servicios generales con funciones de maestra, en ese entonces no comprendía mucho lo que eso significaba, acepté y feliz,  llegué a mi casa comentándole a mi madre que había conseguido trabajado en una guardería, nombre muy común en ese entonces.

Salí muy temprano de mi casa, no quería llegar tarde a mi primer día de trabajo; llegué muy temprano, llena de miedos, pero al mismo tiempo feliz porque iba a trabajar para continuar mis estudios. El jardín infantil era grande, hermoso, amplio, bien ambientado; cautivaron mi atención los dibujos en el patio, era la secuencia de un cuento sobre fresita, pinturas bien acabadas y dibujos grandes que encantaban a los niños, niñas y a todos los visitantes. Parecía un oasis en medio de esa comunidad, que no contaba con los servicios públicos básicos; las calles polvorientas, en épocas de lluvia el barro se atascaba en nuestros zapatos, sin dejarnos caminar, no fue motivo para desistir de lo que me esperaba en ese primer día. Era el periodo de adaptación, me asignaron los niños y niñas de parvulario (edad de 2 a 2 años y medio), lloraban con el alma, se agarraban de las faldas de sus mamás y lloraban inconsolablemente, y yo sin saber que hacerles, solo se me ocurría cargarlos, ponerles música y bailarles la música de danza que yo sabía; eso los consolaba por un rato, unos se quedaban calladitos, y otros entonces empezaban a llorar, recuerdo que no me alcanzaban los brazos para arrullarlos a todas y esperar que se quedaran callados, eran los llorones del jardín, todas las docentes, me veían, nadie hacia nada, cada una cuidaba de su grupo de niños, eran más grandecitos, estaban adaptados porque venían de años anteriores; Cristina, una señora de servicio general, tenía matriculada en mi grupo a su hija pequeña, ella me echaba una manito de vez en cuando. Todo fue muy duro no solamente porque lloraban, sino porque además, estaban con los signos de malnutrición muy marcados, ojos saltones, cabellos escasos, labios resecos, no se observaban felices, como los niños normales a los que estaba acostumbrada a ver; en sus rostros y en sus ojos se vislumbraba una profunda tristeza que comprimía mi ser; el momento más feliz para ellos era el momento de comer, y para mí el peor de los momentos porque era tanta el hambre que padecían que no esperaban cuchara, agarraban los alimentos con las manos, levantando el plato hacia su boca, esta escena conmovía mi alma que estallaba en sollozos al verlos así, desesperados por llenar su estómago. Una maestra que me observaba, se acercó a mí y al oído me decía que tuviera cuidado que la Hna Directora, no se diera cuenta que yo estaba llorando porque a ella no le gustaba y podían llamarme la atención.

Como persona había oído hablar de la pobreza y el hambre, pero nunca la había palpado tan real como en ese momento, llegué a comprenderlas viendo la ansiedad de los niños en cada bocado. Mi familia era pobre, pero siempre tuvimos mucha comida, jamás pasamos hambre; fue en ese momento cuando me sensibilicé, valoré y agradecí a Dios por los alimentos que nos daba, entendí que no estaba allí al azar, tenía una misión y debía cumplirla y no era llorando, sino sacando adelante a esos niños y niñas. Las compañeras me decían que eso ocurría los primeros tres meses, después se recuperaban nutricionalmente y el cambio físico en ellos era notorio. Esas palabras fueron como un bálsamo para seguir adelante.  Así trascurrió mi primer día de trabajo, después de la comida, seguían alguno niños y niños llorando, llamaban  a su mamá, hasta que el sueño y el cansancio los vencía, quedándose dormidos y gimiendo por su llanto.

Recuerdo que esa día no sentí ganas de comer, solo le preguntaba a Dios, porque me había puesto allí, le pedía que me diera fortaleza para seguir adelante y lloraba, lloraba mucho, no era lo que yo había soñado y no estaba segura de poder hacerlo bien. En la noche mi madre me esperaba ansiosa que le contara la experiencia…en mi garganta se hacía un nudo, pasaba todo el episodio del día por mi cabeza sin decir palabras, me aparecían las imágenes de esos niños y niñas, escuchaba sus llantos y los veía comer con desespero,  por acabarse la comida que llenaban los platos. Mi madre me abrazaba diciéndome: “No seas tonta, así es la vida, esto sólo es una parte de ella”, que no fuera cobarde, que eso que sentía se me iba a pasar, que diera lo mejor de mí que luchara por ese sueño que yo anhelaba.

Cuando empecé a apropiarme de los fundamentos y esencia de Fe y Alegría, me quedé con unas palabras de su fundador, el padre José María Vélaz, me impresionaron mucho cuando las leí,  ¿Quién dijo que los sueños se acabaron?; no es compadeciéndose del pobre, ni dándole un mercado, ni dejando que otros le ayuden, es dar lo mejor de nosotros para que ellos sigan adelante, se transformen, potencien sus talentos, se reconozcan como seres capaces de generar cambios y transformaciones personales y comunitarios. Tales palabras me permitieron enfocar mi labor como maestra.; son palabras vivas, sonoras, que al evocarlas me fortalecen a plenitud, permitiéndome de alguna manera reconocer que esto que hago es mi vocación y me hace feliz.

Transcurrieron los días, los niños y las niñas se fueron adaptando, ya no lloraban, empecé la parte nutricional con las normas en la mesa, que no se comía con las manos, que no eran animalitos, había que esperar la cuchara y comer poco a poco porque ese plato les pertenecía y nadie se los iba a quitar. Desde lo pedagógico realizaban las actividades pero siempre asesorada por mi amiga Telma, la que me había recomendado en el trabajo, ella se había graduado de maestra preescolar, tenía experiencia en colegios y manejaba muy bien las didácticas de primera infancia; siempre me animó y orientó en las actividades que debía hacerles, en los juegos, rondas, cuentos y todo lo relacionado con la atención de niños y niñas en esa edad,  consultaba libros y me volví asidua en las bibliotecas del municipio, sí, porque antes no existía la tecnología tan avanzada que hay ahora; lo que uno quería investigar y saber tenía que dirigirse a los libros que proporcionaban las bibliotecas; otra experiencia que me sirvió mucho, fue observar al resto de las compañeras, especialmente a una maestra, la seño Fanny Tabares; me apoyaba cuando algunos niños se acordaban de su mamá y se ponía a llorar.  

Para sentirme segura de mi progreso como docente, se me ocurrió decirle a Fanny que juntáramos los dos grupos, el de ella y el mío y diéramos las actividades pedagógicas, para yo observarla y aprender de ella, al mismo tiempo ella me observaba y me corrigiera lo que debía mejorar; en esa forma estuvimos alrededor de dos semanas; aprendí a dar mis actividades, la directora de vez en cuando se quedaba en mi salón y me observaba, nunca me hizo ningún comentario ni bueno, ni malo parecía que le gustaba lo que observaba. Otra prueba y aprendizaje que me ha dejado Fe y Alegría como docente; aunque no todo terminó ahí, las docentes debían llevar un planeador de actividades pedagógicas donde plasmaban día a día lo que hacían con el grupo infantil; me entregaron un formato para planear mis acciones pedagógicas, lo llené de acuerdo a su estructura, me sentía segura de poderlo diligenciar correctamente, había iniciado mi pregrado en psicopedagogía y nos habían enseñado cómo planear una clase; lo diligencie conforme a esos aprendizajes recibidos en la universidad; cuando lo presento a la directora del jardín, me lo entrega en la tarde con manchas de bolígrafo rojo, rayado, sentí que mi autoestima llegó al piso y quede enmudecida; le pedí explicación y para sorpresa mía, ella pedía mayor descripción de las actividades, es decir, si yo mencionaba cantos, tenía que enunciar una estrofa del canto, cuento o lo que hiciera para ella poder imaginarse la clase y que realmente verificara lo que yo tenía preparado y supiera lo que iba a hacer;  este hecho se convirtió en un nuevo reto para mí, la miré fijamente y con seguridad le expresé que así lo haría y no volvería a manchar más mi planeación. Aprendí a planear como ella quería, eso me ayudó a describir, redactar y plasmar mis ideas en un papel, hacer informes manuscritos entre otros informes que se llevaban para el ICBF.

Con las familias tuve mucho carisma, me aprendía sus nombres, siempre le hablaba de los avances y logros de sus hijos, les resaltaba las cualidades de sus hijos e hijas, haciéndolas sentir bien; me decían que hasta los domingos ellos querían asistir al jardín. En ese jardín mi estadía fue de tres meses, la directora no tuvo carisma conmigo y así se lo hizo saber a la directora regional (Hna Miriam Builes), quien para ayudarme porque ella me visionaba por mi carrera en otras actividades más adelante, me notificó un traslado a otro Hogar Infantil Carlos Meisel, me expreso que me iba a sentir bien porque era más pequeño, la directora tenía una calidad humana y era una persona sencilla, descomplicada y trabajadora, ahí terminó ese primer capítulo de mi vida laboral.

Inicie en el Hogar Infantil Carlos Meisel, la directora exactamente como la había descrito la Hna, me recibió con mucho cariño y me hizo sentir como en casa, aunque en el fondo de mi sintiera un poco de nostalgia, ya estaba acostumbrada al anterior; en este jardín me asignaron los niños más grandecitos de 5 años, había ganado confianza y aprendizaje en lo que hacía; solo había 4 maestras, la convivencia fue más fácil y mejor; tomé iniciativa y liderazgo en los procesos que se gestaban allí, planeábamos actividades juntas; para ese entonces el ICBF, ofrecía al talento humano mucha formación en lo que hoy llamamos lenguajes expresivos. Siempre me ofrecía a asistir porque quería seguir aprendiendo y hacer mi trabajo lo mejor posible, las demás compañeras llevan muchos años allí y sabían cómo eran esas formaciones, no se molestaban porque yo asistiera. Esas formaciones me ayudaron para apropiarme de mis funciones, inventar y hacer propuestas que beneficiaran al Centro Infantil. Por parte,  de Fe y Alegría en ese entonces se daba prioridad a la pastoral, se organizaban reflexiones y encuentros personales para trabajar el ser, talleres, encuentros y espacios me ayudaron a conocer mi mundo afectivo, confrontar miedos, heridas, perdonar, reconocer mis fortalezas y debilidades repercutiendo en una sanación interior de mis heridas pasadas, perdonar y establecer mejores relaciones interpersonales con los demás, entendí en ese momento que para uno comprender a los demás, orientarlos y solidarizarse con el otro debe presentarse sano emocionalmente para ser coherentes con lo que uno dice y aconseja, sí, porque en esta labor de docente preescolar no solamente el trabajo es con los niños y las niñas en sus desarrollos, también hay que hacerlo con las familias, porque son ellas los soportes primordiales, las primeras formadoras y eje principal para sus hijos/as; la formación siempre estuvo presente en Fe y Alegría, para empoderar, liderar y suplir aquellas carencias personales, pedagógicas y sociales del talento humano; una razón más para enamorarme y unirme a la misión del Movimiento. Al comienzo no habían directrices claras en la formación, lo que si estaba claro era el papel de los asesores espirituales y el trabajo que debían hacer desde el desarrollo humano porque en los inicio se le denominaba así. Por formación pedagógica se hacían unos encuentros regionales de temas a nivel federativos, los temas giraban en torno a la situación y la crisis sociales de los países de Latinoamerica, formación que era dirigida por el director nacional de turno o alguna persona invitada de Fe y Alegría a nivel internacional; encuentros académicos que nos daban luces y nos ponía de cara a la crítica social de los países, la violación de los derechos humanos. Cada director nacional traía un discurso al cual las regionales debían acogerse, recuerdo al padre Adán Londoño y su discurso sobre “El potencial humano integral” enfoque que revolucionó los paradigmas mentales y nos hizo reconocer el poder de la mente, el poder de las palabras; todas esas formaciones revestía cada vez más nuestra identidad con la entidad, fundamentados en el libro negro “Compartir con Fe y Alegría” que contenía todo el legado y el fundamento del deber ser de la pedagogía en Fe y Alegría como la había visionado su fundador, los medios para lograrla y el testamento espiritual del padre José María Vélaz se hacía presente en una de sus estrofas “Estoy pensando en vosotros, los que vendrán, construyendo caminos para pasos que no serán los míos”, cada verso de su testamento representaba la fibra de su ser y lo que él deseaba para sus herederos, nosotros los docentes que un día como yo decidimos  caminar por ese sueño y enmarcar nuestro proyecto de vida en un compromiso serio y de entrega para los más vulnerables; en cada formación una salía impregnada y enamorada de esa filosofía, se sentía parte de sus sueños, utopías y mucho más comprometida con las comunidades más necesitadas, comunidades que aclamaban con gritos se les tuviera en cuenta y llegara alguno a descubrir sus talentos y potencialidades. Comunidades golpeadas por el hambre, el desempleo, la desesperanza y el conformismo. Estaban muertas en vida creían que no se podía hacer nada por ellas; hacerles entender que la educación es la mayor herencia y legado que nadie nos puede robar no fue fácil, sin embargo mantuvieron en el fondo un sueño de que sus hijos tuvieran otro tipo de suerte distinta a la que ellos habían vivido, jocosamente la llamaban “mala suerte y hasta un castigo de Dios lo que les estaba pasando”. El trabajo no fue en vano, hay un arma que debilita a esas comunidades y a cualquier persona, y es sentirse reconocida, valorada y descubrirles sus cualidades ocultas y de lo que ellos son capaces de hacer, sobre todo y lo más importante creer en ellos/as, animarlos en su hazañas; si, porque cada logro para esas comunidades era una heroísmo.

Ese conocimiento de la comunidad y su forma de pensar me permitió sensibilizarme más, creer en sus ideales, comprometerme con ellos en sus luchas y descubrir en cada persona su calidad humana, su sencillez, humildad y también develar sus intereses y sueños para direccionar mi trabajo pedagógico. Cada ausencia de alguno de los niños o niñas que estaban a mi cargo, era una excusa para visitarlos y estar cerca de ellos, animándolos y apoyándolos; tenía toda la juventud y la curiosidad de los  jóvenes, contaba con solo 23 años, pero una experiencia vivida a través de mi madre que no tuvo una buena niñez y la vida la golpeó fuertemente no tan lejos de la realidad de las familias que estaban viviendo mis niños y niñas como siempre les llamaba. Antes de iniciar el trabajo pedagógico con el grupo infantil, lo iniciaba con sus familias, penetraba en su ser, hasta lograr la confianza de ellos y lograr se desvistieran de sus inquietudes, heridas, traumas en fin era un proceso reciproco de aprendizaje; los hacia que se enamoraran de mi trabajo, porque reconozco que como docente de preescolar era muy consentidora con los niños y las niñas; entre los grupos del jardín eran los más desnormalizados, aceptaba que ellos escogieran en lo que querían trabajar, algo fuera de tono porque en ese momento predominaba la educación tradicional, todo el poder y la disposición de la clase era dada por el docente; en mi caso no fue así, yo rompías esas normas, pensaba que los niños y niñas eran iguales que yo, que a veces uno quiere hacer cosas distintas de las que hacen los demás y en otros momentos no en el momento que los adultos quieran. Menos mal que en esta época la educación tiene otras miradas. Yo pensaba que el tener a las familias de mi parte, siempre estarían contentos y nunca irían a quejas donde la directora como observaba yo en otros grupos, al comienzo pensaba en eso, pero después mi acercamiento con ellas y sus necesidades se convirtieron en maneras de trabajar y  direccionar mis acciones para lograr transformaciones.

Y los jóvenes también tienen su palabra…

La exploración con la comunidad y el estar cerca de ellas en sus hogares, me dio elementos para conocer a los jóvenes del barrio y organizar un grupo juvenil, al comienzo las actividades se convirtieron en charlas comunes y corrientes sobre temas que inquietan a los muchachos, sobre sexualidad, el amor, comunicación, en ese entonces la violencia y la drogadicción no era tan notoria en la comunidad  Carlos Meisel, habían lideres importantes y con capacidad de gestión que se las arreglaban para conseguir dinero en las alcaldías y la acción comunal, apoyando las iniciativas y locuras que se me ocurrían; fue así que llegue a conformar y organizar grupos deportivos y campeonatos, actividades que siempre le aposte porque había aprendido mucho del tema con un amigo que compartió conmigo mucho tiempo. Cada sueño que me inventaba, obviamente apoyado por la Directora del jardín se convertía en una pasión para mí, estaba soltera, sin compromisos ni hijos, dedicaba la mayor parte de mi tiempo a sacar adelante esos proyectos, no usaba reloj, y actualmente tampoco; no me gusta sentirme controlada por los afanes del tiempo, sabía que era de noche porque llegaba la oscuridad. Las familias me apodaban la “Loca nueva”, porque me veían pasar a cualquier hora y cualquier día, bajando el arroyo y árboles que dividía un barrio con otro; en el fondo lo hacía porque sentía que todos me cuidaban y me querían mucho.

 

Llegó a Fe y Alegría un proyecto que aprobaron a nivel nacional para los jóvenes “Si nacimos pa semillas”, surge dado la poca valoración que los jóvenes tenían con su vida, para ese momento se acentuaba esa situación en Antioquia, el proyecto tuvo una duración de dos años y me dio elementos de trabajo interesantes, aprendí a conocer más a los jóvenes, se potenciaron aquellos chicos con aptitudes para la pintura, el teatro, el deporte y se organizaron grupos en esas disciplinas. Cada actividad era un aprendizaje que nos gozábamos porque estoy convencida que las cosas se dan y fluyen cuando el docente se la goza y esa alegría la proyecta contagiando a sus estudiantes o los grupos que están bajo su responsabilidad. Mi vida laboral en Fe y Alegría se convirtió en escenas y episodios que tocaron varios ámbitos de mi existencia, el proyecto con los grupos juveniles, término ahí en el proyecto.

ExpreArte con los niños y las niñas nos hacemos visibles…

Otro episodio interesante fueron los concursos inter hogares infantiles, siempre como docente le apostaba a ganar y ocupar uno de los primeros puestos, al llegar al Hogar Infantil, la directora me asignaba siempre a los niños y niñas de 5 a 6 años, me sentía cómoda trabajando con ese grupo de edad. Utilizaba unas frases de motivación para que mis niños participaran en todos los números que teníamos que organizar. Niños al fin en esa época, algunos eran tímidos, nerviosos, un poco inseguros y fáciles de percibir para aquellos que estaban acostumbrados a trabajar con niños y niñas. Era divertido lo que le decía, no sé dónde me salían tantas palabras, y una de las que más le repetía era: “Los niños de la seño Deris son los más inteligentes del Hogar Infantil, no les da pena salir al frente del grupo y dramatizar, ni cantar”… así que ánimo y vamos a ensayar. Empezábamos a ensayar con tiempo y todos los días, hasta los sábados los citaba, en algunas situaciones las compañeras me catalogaban de intensa, que no dejaba descansar a esos niños, pero sus palabras no hacían mella en mí, me gozaba y disfrutaba cada cosa que me inventaba con mis niños/as. Cuando la obra estaba lista, en la oración y bienvenida que se hacía colectiva en el patio del jardín, ensayábamos la puesta en escena, con el fin que los niños y las niñas aprendieran a dominar el público y controlar sus nervios, los primeros ensayos no eran tan exitosos, yo siempre los aplaudía y los abrazaba de alegría por el solo hecho de haber salido al frente. Con el transcurrir de los días esos ensayos los iba llenando de confianza y decisión por hacer las cosas bien; para el vestuario y el escenario nunca fui muy buena, daba algunas ideas, otra de mis compañeras era experta dibujando y decorando, lo cual permitía una mezcla de saberes y talentos fortaleciéndose el trabajo en equipo con los mejores resultados, logrando siempre el primer puesto en los concurso; además de drama, también ensayaba con mis niñas bailes y revistas gimnasticas. Las niñas tenían un talento sensacional, y las madres de familia enamoradas de mi trabajo me apoyaban en el aprendizaje de los guiones y la compra del vestuario.  Hoy me encuentro con algunos de mis niños y niñas convertidos la mayoría en profesionales, recuerdan a su profesora con cariño y algunas anécdotas de sus vivencias por el jardín. Traigo a mi mente el recuerdo de Circe Flórez, una niña con una capacidad para memorizar impresionante, Luz Karime un talento para actuar y bailar que a veces se me ponía rebelde y se aprovechaba de su talento para manipularme porque no quería ensayar, me tocaba tener que ofrecerle y prometerle dulces y cosas que me ayudaran a convencerla, Luz Mery, Deibis, Yeinit, Estewin, Claudia, Jorge, Gloria, Yuranis, Zoila Margarita, Yuranis, Darwin, Karina Gissella, Keidy, Maxwell, Aswell, Juan José, entre otros que en estos momentos no traigo a mis recuerdos, ellos y ellas me enseñaron a ser maestra, ser creativa; ni hablar de las actividades pedagógicas, los viernes salía con mis 30 niños a caminar el barrio, daba mis clases en salidas pedagógicas, terminábamos en casa de alguno de los niños y niñas quienes sus padres me reciban con alegría pero al mismo tiempo preocupado por los peligros de la vía; no me preocupaban mucho las vías porque  antes de salir, esos chiquitines iban bien instruidos en la manera, cómo debían comportarse, siempre tenían que estar al lado mío, sin correr, esa norma era de estricto cumplimiento porque si no, se acaban las salidas pedagógicas. La lectura y la escritura la convertía en un concurso con fichas de cartón que los padres elaboraban para formar las palabras y luego las frases que debían escribir en sus cuadernos una vez construidas; en las actividades de escritura era muy exigente en la caligrafía, poseían varios cuadernos y en cada cuaderno iban perfeccionando lo que iban aprendiendo. Organizaba muy bien mí tiempo y una vez que entraba al salón de clases, los respetaba y me dedicaba a ellos por completo.

En la despedida de clausura era todo un show, iniciábamos el ensayo de la canción de despedida a comienzo de año (febrero) para que el día de la graduación (Diciembre) fuera todo un éxito. No me gustaba improvisar, ni hacer las cosas corriendo sino con harto tiempo para sentirme segura y que todo saliera muy bien.

ICBF a nivel inter hogares infantiles en actividades culturales, no las hubiera tenido con otra entidad que no fuera Fe y Alegría, lo que describo es la esencia de lo que me convertí y aprendí al trabajar con este Movimiento, fortalecí mi calidad humana, mi creatividad, la imaginación, aprendí a escribir, a sentir el dolor del otro con los ojos de alma, a disfrutar la alegría de sus logros y triunfos.  Así transcurrí quince años maravillosos como docente, enseñando a los niños de 5 años. Las familias reconocían el trabajo que yo con tanto esmero y dedicación profesaba a sus hijos e hijas. La comunidad empezó a reconocer y a posicionar todas las actividades y programas que se gestaban en el centro infantil, multiplicando el servicio a otra familias que se acercaban por la buena fama y lo bien que se atendía a los niños y las niñas.

Rompiendo tradiciones con las familias…

Para el trabajo con las familias no había nada consolidado, la vinculación de ellas al Centro Infantil se remitía solamente a recibir un informe frio de su hijo en el ámbito nutricional y comportamental; los temas de formación giraban en torno a la relación de pareja, pautas de crianza, la comunicación entre otros. Se vio la necesidad de direccionar mejor ese trabajo con familia, la hna Miriam, directora regional compra un programa de formación a familia en la Ciudad de Medellín; se inicia la escuela para familia y me asignan responsable de liderar ese proyecto, lo cual no fue muy difícil de llevar porque la estructura del programa traía los temas desarrollados y cada uno venía acompañado de unas filminas que se proyectaban, fue uno de los recursos “Proyector de filminas” que empezó a coger auge en ese tiempo, además de novedoso y didáctico; dándole paso al uso de nuevas técnicas y estrategias que hacía más atractivo el contenido de los temas y el interés de los padres en participar, mejorándose la asistencia.  El programa estaba estructurado con temas acordes al desarrollo de los niños: ¿cómo ser mejores padres?, ¿cómo corregir a los niños?, ¿qué hacer cuando el niño moja la cama?, ¿qué hacer con el niño rebelde?, temas puntuales que le aporto a las familias, cómo manejarlos y atenderlos.  Esta nueva experiencia marca mi vida, porque además de ayudar a otras familias, me beneficio para mi formación personal porque tuve que vencer el miedo escénico que me producía el hablar en público, memorizar los temas y estar preparada para cualquier interrogante que surgiera en el grupo. Entendí entonces que los miedos desaparecen cuando la persona los hace consciente y tiene el coraje de enfrentarlos y sobreponerse con valía, a los retos que ella misma se impone.

En cada sesión educativa las familias acudían más motivadas, y con otras inquietudes que me exigía leer e investigar mucho más allá de lo que contenía las simples filminas. Ese proyecto se constituyó en un programa bandera para la institución, lo cual no solamente se quedó allí, sino que trascendió a la comunidad, porque entonces las familias me invitaban a otros espacios del sector para que les socializara los temas a otras familias,  me presentaban estudios de casos con la problemática que reflejaban las temáticas abordadas. Cada logro o  reconocimiento por parte de las familias y la comunidad, sentía que iba consolidándose en mí y revistiendo una nueva forma de ver las situaciones familiares, sociales, gane en  seguridad y confianza, mayor compromiso frente a las familias. Siempre tenía una respuesta para cada inquietud o pregunta. No sé cómo lograba hacerlo pero observaba a las personas contentas y felices por el apoyo que les brindaba. Obviamente, que ese reconocimiento me llevo a ejercer un liderazgo natural, sin perder la calidad humana que se encerraba dentro de mí ser y transmitía en la interacción con los demás. Sentía  y vivía sus problemáticas, me sentía responsable de transformarla o por lo menos que la persona se diera cuenta de cómo podía mejorar y buscar alternativas de solución a sus dificultades que no eran difíciles de resolver, solamente eran decisiones que las personas debían tomar.

Recuerdo un caso especial que me impacto en ese trabajo con familias,  el caso de la señora María Osorio, una señora abnegada a sus hijos, con una paciencia que la caracterizaba una excelente madre, los orientaba en sus tareas y cualquier colaboración que uno le solicitaba para ayudar en las labores del Centro Infantil siempre estaba dispuesta; su pareja, Toño como ella le llamaba, desconocía por completo el valor de la mujer que tenía a su lado; la maltrataba física y verbalmente, ella llegaba con los ojos morados y el cuerpo adolorido por la paliza que éste le propinaba sin importarle que sus tres hijos lloraran y fueran testigos de semejante bajeza; muchas veces al verme, me abrazaba y lloraba inconsolablemente en mis hombros, tenía que hacer un  esfuerzo enorme para no contagiarme con sus lágrimas; la exhortaba con rabia e impotencia porque le aconsejaba que lo dejara y para mi sorpresa terminaba diciéndome que ella era la culpable porque lo celaba, además, lo amaba demasiado y no soportaba la vida sin él. Me preguntaba: ¿Qué manera de amar tan rara?. Lo justificaba siempre,  tenían muchos años viviendo juntos, de ese matrimonio había 3 hijos. Él, un hombre muy atractivo, no le costaba mucho trabajo conquistar a cualquier chica. Ella una mujer ciega de amor, insegura, prefería soportar los malos tratos, que tomar la decisión de separarse. No fue fácil tratar este caso, pero no me di por vencida. Empecé un trabajo de reconocimiento personal con ella, trabaje su historia de vida, sus cualidades, autoestima, la visitaba frecuentemente y un día cualquiera me anuncio que se mudaría del barrio, con sus tres hijos, había decidido separarse de Toño. Se iría lejos donde no pudiera verlo para olvidar ese infierno que estaba viviendo ella y sus hijos.  Después de su cambio de casa, le perdí el rastro, jamás volví a saber de su vida. Con nostalgia su recuerdo quedó grabado en mi historia, me gustaría algún día tener la oportunidad de saber de ella y de sus hijos, niños inteligentes que también llevan mi huella en su formación. Este hecho me permitió trabajar con las mujeres violentadas y agredidas de la comunidad, constituí  un grupo de mujeres para reivindicar y luchar por sus derechos, que ocuparan un espacio en la junta de acción comunal, en ese entonces formadas por hombres y la participación de la mujer en esos espacios estaba negada,  logré que algunas ejercieran su profesión como trabajadoras porque muchas de ellas eran preparadas y sus esposos no las dejaban trabajar, se formaron líderes que velaban por sus derechos, hacíamos caminatas por el barrio y semanalmente me reunía con ellas en espacios de reflexión y encuentro, busque apoyo con la policía en los temas de maltrato a la mujer, logre empoderarlas, muchas iniciaron sus estudios, otras dejaron a esos maridos que nunca cambiaron. Fue una experiencia de 5 años, sin abandonar los temas de escuela para familia que venía liderando y la atención de los niños y las niñas. Mi tiempo rendía para todas esas actividades, las disfrutaba.

Evaluando nuestras prácticas…

En 1990, inicia una nueva revolución en Fe y Alegría, cada director nacional traía su propia apuesta, esta vez fue el padre Manuel Uribe director nacional, considera en ese entonces pertinente, hacer una revisión de las prácticas pedagógicas, a nivel federativo se aprueban los recursos para el proyecto de “Evaluación participativa” el objetivo era evaluar el impacto de los programas que ofrecía el Movimiento en las comunidades donde hacia presencia. Esta experiencia me dio la oportunidad de conocer a una mujer extraordinaria Bibiana Alicia Restrepo Ruiz, quien me contagia con su alegría y sus ideas feministas, ella lideraría el proyecto de la evaluación participativa a nivel regional costa. Se inicia como en todos los procesos de Fe y Alegría, la sensibilización y formación, proyecto que se desarrolló durante 5 años y en el cual participe con la mejor disposición. En esta experiencia aprendí a hacer memoria oral, cartografía social, evaluar las prácticas pedagógicas a la luz de la filosofía del Movimiento, que tan cerca o lejos estábamos de formar hombres y mujeres nuevos conscientes de sus potencialidades, agentes de cambios y transformadores de su comunidad.

Los resultados de esa evaluación permitieron identificar debilidades del Movimiento, fortalezas y la consolidación de un plan estratégico enmarcado en los núcleos problemáticos que se identificaron, vino un proceso de organización de las regionales y un direccionamiento general liderado a nivel nacional, se constituyeron los equipos pedagógicos en cada regional; así mismo, con la finalización de la evaluación participativa, termina el periodo de la Directora Regional Sra: Cecilia de Vigna.

El director nacional padre Manuel Uribe, admiraba mucho el trabajo y la experticia de Bibiana Restrepo, no dudo en nombrarla directora de Fe y Alegría Regional Costa, con los resultados de la evaluación participativa, Bibiana, decide consolidar el equipo pedagógico regional quien estaría encargado de ser el albacea del ideario y de la acción pedagógica de Fe y Alegría en los centros educativos. Para mi sorpresa me cita a su oficina y me hace la propuesta de pertenecer al equipo pedagógico regional para que coordinara el programa de Primera Infancia, el nombramiento implicaría una mejor remuneración y el lugar de trabajo en la oficina regional. Fueron muchos años sirviéndole al Hogar Infantil y la comunidad Carlos Meisel, no fue fácil para mí tomar la decisión, en ese momento de la propuesta estaba pasando por una etapa difícil en mi vida a nivel personal y creo que Dios en su infinita misericordia conocía mis necesidades, sin pensarlo tanto acepte. Al comienzo mis visitas de acompañamiento pedagógica las hacia frecuente al Centro infantil donde me había formado como maestra, líder comunitario, grupos juveniles, toda mi vida dedicada a gestar muchos procesos de desarrollos para las familias y los niños y las niñas, sentía un amor especial y mucha nostalgia por esa comunidad.

 

No tenía claro lo que iba hacer como coordinadora regional, empecé por diseñar mi puesto de trabajo,  a crear mis funciones, recurrí a lo que escuchaba en el talento humano, sus  inconformismo, necesidades y a partir de ahí direccione mis labores. Las actividades en las regionales de Fe y Alegría cada vez se amarraban más a los procesos nacionales, lo cual permitió un trabajo unificado y la construcción de la propuesta educativa para los programas de primera infancia, construcción que se hizo en este nuevo ambiente de aprendizaje. Logramos construir dos textos: Sentidos y Horizontes de Educación Inicial”, Herramientas para la práctica pedagógica”, libros que marcan el camino en el programa de la Educación Inicial; posterior al diseño y construcción de la propuesta se elabora el programa de formación de familia con el objetivo de articularlo a la propuesta educativa y fortalecer los aprendizajes de las familias en las dimensiones humana, pedagógica y sociopolítica.

Al cerrar mis ojos y pasar la película de mi recorrido laboral por Fe y Alegría, no puedo desconocer en ella, aquellas personas que contribuyeron a la realización de mis sueños, no las menciono por respeto a olvidar algún nombre.

Lo que más me ha gustado en Fe y Alegría, es que nunca dejé de ser Deris, espontánea y empecinada en las propuestas que presentaba aunque me costara defenderlas e incomodar un poco a mis jefes hasta hacerlas enfadar. Me inventé un encuentro de parejas con nuestros trabajadores, seminarios de pedagogía y desarrollo humano con ponentes amigos que se embarcaban en mis sueños. Han transcurridos 33 años de mi vida al servicio de Fe y Alegría, se inicia una nueva partitura que debemos entonar con el instrumento que nos corresponda tocar para que la canción suene y resuene en toda Colombia, la obra no termina y el telón no se cierra, el público está atento a nuevos episodios, sobre todo mientras nuestra vocación se oriente hacia un profundo amor a la vida.

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