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Un Camino...una Vida
KENNI FERRER

País de residencia:

Tenía tan solo trece años cuando ingresé a Fe y Alegría en el año 2011, venia de  un colegio que años atrás también había sido concesionado al movimiento. No fue complicado para mí adaptarme a mis nuevos compañeros, ya que como el colegio era nuevo y ese era su primer año de funcionamiento, todos éramos nuevos. Ese año era siete cero dos el curso del cual yo haría parte. No sé por qué cosas de la vida ese curso era el más indisciplinado del colegio, así que ese año 702, dio de que hablar en el colegio, ya que como la mayoría éramos repitentes respondíamos muy bien académicamente. Todo fue muy complicado, de 34 estudiantes que iniciaron el año solo terminamos 16,se fueron saliendo poco a poco al ver (como según ellos decían) que su lugar no era el colegio y la mayoría iban solo porque sus papas lo obligaban, o porque solo estando en un colegio podrían reclamar el subsidio que daba el estado. Uno de ellos precisamente murió hace como un año al recibir un disparo de escopeta en medio de una de las peleas de banda. Otros tres más están en estado casi desechable gracias al consumo de drogas.

El siguiente año nos unieron con el otro curso, ya que no habían la cantidad de estudiantes suficientes para tenernos separados, así que en el 2012 solo éramos un solo octavo. Ese año comenzó en mi todo lo que soy prácticamente, dieron apertura a la biblioteca del colegio, y un día común sin más nada que hacer en los descansos, fui a parar a la biblioteca. Comencé leyendo el MIO CID, y desde allí no he podido parar de leer, me obsesioné tanto en los libros, que me salía de clases solo para ir a la biblioteca, donde me esperaban los libros y aquella bibliotecaria que fue mi segunda madre. Ese año me fue mal académicamente, ya que no tenía libretas por falta de recursos económicos, mi mamá no ganaba lo suficiente como para tener todas las libretas y las pocas que tuve fueron obsequiadas por mis compañeros y docentes.

Pero en noveno fue  mi entrada a ser parte activa de Fe y alegría fue en el 2013, cuando acababa de cumplir 15 años y cursaba noveno grado, me invitaron a un taller regional de tecnología y ccpv donde participaban todos los colegios de la regional Fe y Alegría costa.

Desde ese momento me interesé mucho por la relación cercana con los demás compañeros de las distintas instituciones, y así buscando en el año siguiente para mi suerte me encontré con ParticipAcción juvenil, allí nació mi interés por la realidad social, la verdadera realidad social que tanto golpea a nuestra gente hoy en día, participé de un modelo de las naciones unidas al cual fuimos invitados y donde me di cuenta que a veces las cosas no son como nos las pintan, que sí hay gente que se interesa por la necesidad del otro, pero que ese otro en realidad son otros, muchos otros, que necesitan una mano que se extienda, no para golpear, sino para levantar, para sacudir el polvo, para quitar esa hiedra  como la ignorancia y la falta de educación que mantiene atados a los seres a ese mismo lugar de conformidad. Ha sido mucho lo ganado sin duda alguna, la experiencia, los recuerdos, la gratitud de ver a toda una comunidad de un barrio lanzarse a la calle a ver a unos jóvenes que caminan en línea recta gritando que “otros posibles son posibles” ver a unos jóvenes cansados, indignados de tanta politiquería que corroe como la más vulgar polilla el presupuesto de nuestra gente, ver a una madre llorar de orgullo al ver a su hijo luchando por una utopía, por un sueño de país sin más armas que unas simples guitarras, ni más explosiones que las de Fe y las de  Alegría al ver latir la nueva vida. Y esta es mi historia, la de un soñador que se ha sumado a unos cuantos más, que ya llevan más experiencias y de los cuales tengo que aprender. He sacado mucho de Fe y Alegría; satisfacciones, sueños y logros, como el de haber tenido un buen puntaje en las pruebas de estado, gracias a la preparación que me brindaron con tanto esfuerzo mis docentes del JOSÉ RAIMUNDO SOJO, del cual soy ya egresado, un colegio que surgió de la nada, del seudónimo de colegio de vagos para convertirse hoy en día en un ejemplo de superación conjunta donde tuve el privilegio de  aportar mi grano de arena, y hoy no hay nadie más orgulloso que yo de haber salido de ese colegio, que le brindó la oportunidad a muchos hijos de reivindicarse con sus padres, y de mostrarle a los padres que les hace falta a sus hijos.

Digo lo siguiente con mucha madurez, y no pretendiendo mentir, sino pretendiendo decir lo que sale de mí, que no es más que gratitud, desde hace tiempo quería una plataforma de este tipo que me pudiera dar la oportunidad de expresar mi agradecimiento con Fe y Alegría, por aportar a significativamente a esto que hoy en día soy. Y esta, más que mí historia, es la historia de otros muchos como yo que desde ventanas como ParticipAcción juvenil, se sueñan y piensan a diario, como incidir en su comunidad y cambiar este mundo partiendo desde la mirada introspectiva y el sacrificio propio, antes que de la señalación y el dedo acusador.

Y quiero terminar mi breve historia, más que con palabras, con hechos que demuestran lo agradecidas que están muchas personas, entre ellas mi Madre. Esto fue lo que escribió en mi álbum de fin de año.

 

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